Compuesto por: Félix Sánchez (dulzaina), Teo Sánchez (redoblante), Fco. Sánchez (bombo charro). Grabación realizada por M. Santamaría en Madrid en 1993.
La dulzaina
Este instrumento, con diferentes nombres, se toca en muchos países del mundo y en casi toda la Península En cualquier caso su llegada a nuestro país parece producirse durante la Edad Media tanto si se supono que viene desde el centro de Europa - con los músicos que se incorporaban a las capillas cortesanas- como si llega de Africa, donde todavía hoy día se sigue utilizando con el nombre de Algaita. En muchas regiones peninsulares (Rioja, Aragón, parte de Castilla y León) continúa también llamándose gaita. La palabra charambita que se utiliza en Castilla es obviamente una degeneración de chirimía, instrumento más largo pero asimismo de doble lengüeta. Donçaina y dulzaina se llama en Valencia y parte de Castilla y León, denominándose gralla en Cataluña y chambela en el país Vasco.
La caja
La caja, de mayor o menor tamaño, aparece casi siempre unida a la música militar. Ya desde la Orquesografía de Thoinot Arbeau (siglo XVI) se dan diferentes ritmos para perfeccionar las evoluciones en la marcha de los soldados. Este tipo de instrumento se solía denominar “tambor de lado”, pues los ejecutantes lo llevaban a un costado para que no les estorbara al caminar. Su tamaño se fue reduciendo y, a partir del siglo XVIII, también entra en la composición de la orquesta. Durante el XIX se utiliza mucho en las bandas militares y, a partir del XX, entra a formar parte de las baterías utilizadas para el Jazz y la música popular.
El bombo
Este instrumento seguramente llegó a la música tradicional a través de la militar, pasando de ésta a las bandas o agrupaciones civiles que tanto proliferaron en España el siglo pasado y a comienzos de éste. Pudo tener su primer origen en la música turca militar, interpretada con instrumentos estruendosos entre los que estaban grandes tambores. A partir del siglo XVIII, por moda, muchas bandas militares europeas comienzan a imitar a las otomanas, convirtiéndose el bombo de este modo en instrumento imprescindible para esas formaciones e incorporándose después a la música sinfónica.