Narrado por Saturnino Sanz Ramírez en Matilla de los Caños del Río (Salamanca) en 1957. Recogido por Luis Cortés Vázquez.
Pues un matrimonio que no tenía hijos le pidió, pues hablando así ellos entre sí, pues le dijo el marido a la mujer que... que le iba a pedir un hijo a Dios, a ver si se lo concedían, aunque fuera como una pulga, por no estar solos. Y claro, pues se lo pidió, y el Señor, pues se lo concedió. Conque el matrimonio, pues sus padres, pues eran arrieros, andaban con los carros de las mulas y los machos. Y claro, pues su padre, pues lo mandaba a los sitios. Aunque era tan pequeño lo mandaba a los sitios, con el carro y las mulas. Y él, el muchacho, pues se metía en las orejas de las mulas, y desde allí pues las arreaba. Conque ya, según iban un día por un camino pues iba arreando: ¡ría buó! ¡ría buó! Y nada, y allí que no se veía a nadie. Y iban unos ladrones por aquel camino por donde él iba con el carro, y los ladro- nes venga a enterarse, venga a enterarse, y que nada, que allí no veían a nadie. —¡Cagüen diez! ¿quién va aquí? —decían los ladrones. —Pues aquí no va nadie. Pues vámonos detrás a ver quién es el que va aquí. Con qu'el chaval llegó a casa, y, claro, llegó a la puerta y mandó parar a las mulas: "¡Huo!", y se pararon las mulas, y se bajó él. Conque salió el padre y los ladrones que no veían a nadie. —¿Quién viene aquí en este carro? —le preguntaron al señor. Y le dice: —Pues un hijo mío. Y dice: —¿Y dónde está que no se ve? Y se lo puso en la planta la mano y dice; —Mírelo, velo aquí está. Dice: —Es como una pulga, se lo pedí a Dios, que más que fuera que me lo diera como una pulga, y me lo concedió. Conque dicen los ladrones; dice: —¡Oy por Dios! —dice— nos lo venda usté, nos lo deje usté -como eran ladrones, pues a ellos, claro, pues a ellos le haría mucho servicio. Dice, nos lo deje usté, que... que esto nos va a dar a nosotros mucho, y tal y cual y... —No, hombre, no. No lo puedo vender, porque se lo pedí a Dios como que me lo diese, y ¿cómo se lo voy a vender a ustedes ahora y tal? Me castigará a mí. Conque él, el chaval qu'estaba oyendo todo esto, el muchacho, pues se subió así por las piernas de su padre arriba, y se metió en el oído, y le dice: —Padre, me venda, que yo me he de arreglar pa volver a casa. Dice: —Bueno, bueno, pues se lo venderé. Conque le dieron mil duros y se lo llevaron. Lo cogieron los ladrones y llegaron y lo llevaron a casa el cura y le dicen: —Mira —dice— entras ahí, que ahí hay mucho dinero, y lo coges y te sales. Conque él así lo hizo. Entró y en vez de coger el dinero, pues empezó a dar voces y decía: —Si aquí no hay nada. Y los ladrones desde fuera. —Cállate, que te oyen —Si aquí no hay nada. —Cállate, que te oyen Conque ya se tuvieron que ir. Y el cura, claro, al sentir allí las voces qu'an- daban en casa, pues fue y tenían una vaca suiza y le echaban heno. Y él se metió pa entre el heno, y luego al ir a echarle el heno la criada, que le echaba el heno la criada a la vaca, pues iba envuelto con el heno y se lo comió la vaca. Y al comerlo la vaca, pues claro, luego iban a echarle heno a la vaca, y como estaba él p'allí adentro, pues decía la vaca: —Que no quiero más heno, que no quiero más heno. Conque la criada le dice al señor cura: —Señor cura, que la vaca suiza está mala, que dice que no quiere más heno. —¡Calla, calla, boba, calla, cómo va a estar mala! Conque ya dice: —Pues sí. Vaya usté, vaya usté, ya lo verá como está mala. Conque iba el señor cura y le hacía lo mismo. Dice. —Que no quiero más heno. Conque dice: —Pues sí. Es cierto qu'está mala —dice— pues hay que matarla. Conque la mataron, y al ir a lavar las tripas para aprovechar las que se pudieran, había en una pues un cacho de negro. Y allí estaba Pulgarcito, y como estaba un poco mala, la cogieron y la cortaron y la tiraron. Conque pasó por allí un lobo y claro, encontró la tripa y se la comió. Y se comió a Pulgarcito también. Y al comérselo, pues luego iba el lobo a los rebaños de ovejas, y le decía la barriga: —Pastor, que va el lobo. Conque ya se juntó, se juntó con otros lobos y hablando así entre ellos, le dice: —Yo no puedo ir a las ovejas ni a los rebaños a buscar pa comer, porque me dice la barriga: pastor que va el lobo. Y claro, lo sabe el pastor, y lo oye, y no puedo ir, porque m'echan los perros y me matan. Conque dice, le dice el otro: —Mira, tú te vas a meter ahí en esa casa, que ahí hay muchos chorizos y muchos jamones, y ahí comes. Conque así lo hizo. Se metió y ¿cuál iba a ser?, la casa de Pulgarcito, del padre de Pulgarcito. Conque él no dijo nada más hasta que no estuvo adentro. Cuando estuvo adentro dice: —Padre, —dice— cierre la puerta y mate al lobo, qu'estoy en casa. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.