El cuento popular en la escuela · Temas musicales

La pellejina

CUENTOS DE MAGIA • Ayudantes sobrenaturales

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Narrado por Alejandra Cuadrado Bello (78 años) en Villavicencio de los Caballeros (Valladolid) en 1991. Recogido por José Luis Agúndez.

Bueno, pues era un rey que tenía una hija. Y se le murió la mujer. Y al morirse la mujer, pues como el rey no podía estar, como el reino no podía estar sin reina, pues el rey pues tenía que casarse. Y al morirse la reina, pues le dijo que no se casaría con ninguna no siendo que la daría el zapato d'ella. Resulta que, claro, pues ya dijo que se tenía que casar. Y anduvo todo el reinao, ¡ya ves! A ninguna la venía el zapato. Ya, ¡nada!, llegó a casa y se le hizo poner a la hija; y a la hija la estaba bien. Dice:
—Pues, hija, pues me tengo que casar contigo.
—Eso si que no puede ser. ¿Casarse un padre con una hija? Pues eso sí que no puede ser.
—Pues sí.
Y ya tanto pesao se puso, dice:
—Bueno, pues mire, me casaré, pero me tiene que traer tres cosas. Le tengo que pedir tres cosas y me las tiene que traer de regalo —y fue y dice—. Me tiene que traer un vestido de color cielo con todos los astros y todo lo que hay en el cielo, otro de color mar con todos los bichos que hay en el mar y otro de primavera con todas las flores y toda la yerba que hay en la primavera.
Dice:
—¡Oy, hija, esto se me hace a mí imposible!
—Más imposible se me hace a mí casarme con usté.
Bueno, total, que el rey se fue de paseo y muy triste y muy afligido. Y se la presentó un señorito, y era el diablo, dice:
—¿Qué le pasa, señor?
Y se lo contó, dice:
—¡Uy, señor! pues mire, que mire, que mi mujer se ha muerto y yo me tengo que casar, y dijo que no me casara con ninguna, no siendo que la viniera el zapato, y no hay más que mi hija. Y mi hija no se quiere casar y me ha pedido que si se casa: pero que la tengo que dar un regalo, tres regalos. Y me ha pedido un vestido de color cielo con todos los astros y todo que hay en el cielo.
—¡Uy, eso es muy fácil! ¿Quiere que se le traiga a usté?
Dice:
— ¿Yo?
Dice:
—SÍ; pero me tienen que mandar el alma cuando se muera.
Dice:
—Después de muerto, ¿qué me importa a mí?
Bueno, pues total que se le dio. Y ya se marchó y se le dio a la hija.
Después llegó a..., dice:
—Bueno, pues ahora me traerá el de color mar con todos los bichos y todo que hay en el mar.
Y dice:
—¡Uy!, mire usté, que me ha pedido otro de color mar. ¿Y qué hago? ¿Qué hago?
Dice:
—¡Uy, sí señor, muy fácil, muy fácil, muy fácil! Yo se le doy. Tenga usté,
Y se le dio y marchó. Después va y dice:
—Bueno, pues te va a dar de primavera
Dice:
—Bueno, pues ya está, de primavera.
Como ya sabía dónde vivía el diablo, pues iba y se lo daba. Cogió y se le dio. Y ya la hija fue y lo recogió todo; lo metió en una maleta. Y ya el padre, tanto ir y venir y venir y ir, estaba tan cansao que se acostó y no despertó. La hija, como en los palacios hay puerta falsa, pues se cogió y se marchó por la puerta falsa del palacio. Y fue andando, andando, andando hasta que llegó a un monte. Llegó a un monte y allí ya se la hizo de noche. Y había una casa y había unos pastores. Y habían matao una ternera y tenían el pellejo colgao de la puerta. Y dijo que si la daban posada aquella noche, y dijo que sí. Y allí durmió. Y al día siguiente, pues ya dice:
—Ya me voy.
Dice:
—Bueno.
Dice:
—¡Uy, señores!, ¿me podrían dar este pellejo de la ternera?, porque como con la leña del monte todo me se rompe...
Dice:
—Sí, cójalo usté.
Y ella les dio dinero y...
—No, no, cójasele usté, cójale usté.
Cogió y ya ella marchó andando andando hasta que llegó a otro reino.
Llegó a otro reinao y fue al palacio, Y al llegar al palacio, pues llamó:
—¡Oiga, señora!, ¿no necesitaría una criada?
—No, señora, no, que las tengo todas, que las tengo todas.
—¡Oy, señora!, aunque na más sea pa cuidar los perros y los gatos.
—No, señora, no señora, que los tengo...
—;¡Ay, por Dios, me recoja usté!
Conque ya la recogió y la dieron un cuarto debajo la escalera. Y todas la llamaban "La Pellejina". Y allí estuvo pues cierto tiempo. Ya llegó el santo del hijo del rey, y al llegar el santo del hijo del rey pues tenía una fiesta; y tenían tres noches de baile; y claro, al tener tres noches de baile, pues todos se prepararon y todo. La servidumbre quedaron en casa. No quedó, la servidumbre tuvieron también baile; lo que “La Pellejina” no fue. Marcharon allá. Y ella cogió, se lavó, se arregló, se puso el vestido de color cielo con todos los astros que hay en el cielo. Nada más que llegaba el baile, el hijo del rey que la sacaba a bailar.
—¿Cómo se llama usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
— ¿De dónde es usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
—¿Cómo se llama usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
Total, que la dio un anillo. Así que después, pues claro, cuando ya comprendía que se terminaba, se cogió y se marchó. Y cuando llegaron, pues estaba en la cama. Y él, como estaba enamorao, ¡pues a ver!, llegó a, y dijo a los guardaespaldas, dice:
—¡Bien, eh!, la tienen que seguir a ver dónde entra.
Conque la noche siguiente echan la misma labor; se arregló todas avalias, se puso el vestido de color mar con todos los bichos que hay en el mar. Na más llegar dijo el rey que la saca a bailar.
—¿De dónde es usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
—¿Cómo se llama usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
Le dieron otro anillo. Y ella se marchó corriendo pa casa, y se acostó. Y ya la guardia… —na, no, me se olvidó—, los guardias siguen corriendo detrás d´ella pa ver dónde va. Ella ya, al ver, desde que llegaba, como tenía que entrar, cogió y tiró dinero. Los guardias por el dinero pues no la vieron dónde entró. Y llegó allá, y que...
—¿Dónde ha entrao?
—Pues no la hemos visto; sería bruja. ¡Qué sé yo lo que sería porque no la hemos visto entrar!
Dice:
Bueno, pues mañana, como no me digan dónde entra, les mando matar.
Asi que ustedes verán.
Llegó la noche siguiente. Se arreglaron otra ve todos. Otra vez fueron todos al baile, y que na más llegar, el hijo del rey que la saca a bailar, que...
—¿De dónde es usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
—¿Cómo se llama usté?
—¡Ya se lo diré a usté!
Le dieron otro anillo. Y ya, cuando se terminaba, se fue. Y el guardia que estaba al lao… Ella tiró dinero, , los guardias no guardaron por ello. Volvió a tirar, y que tampoco. Y ya la vieron entrar por la puerta falsa del palacio cuando llegó. Cuando recogieron el dinero, volvieron p'atrás. Después fue, y na más que se terminó el baile, el hijo del rey fue donde estaba “la Pellejina". “La Pellejina” estaba dormida y...
—¡Pellejina, Pellejina, despierta! O eres tú o eres una alcagüeta, que todas estas noches ha ido una señorita muy guapa, muy guapa. El primer día llevó un vestido de color cielo con todos los astros que están en el cielo, el segundo de color mar con todos los bichos del mar y el tercero uno de primavera con todas las flores y todas yerbas.
—¡Oh!, yo no señor, yo, esta pobre Pellejina, yo, esta pobre Pellejina.
Y no supo quién era. El hijo del rey pues cayó malo, ¡malo que se moría!
Y, pues, la reina dice:
—Dice “La Pellejina” que si quieres te hace tres ramos de dulce.
Dice:
Bueno, que les haga —dice—. Pues según es "La Pellejina", así serán los ramos; según es "La Pellejina", así serán los ramos.
Ya la dieron las cosas y ella hizo los tres ramos. Y en el medio metió cada el ramo un anillo. Conque ya, cuando les tenía hechos, que se les dio a un hombre, se les dieron. Y ya llega allá y...
—Según es "La Pellejina" así serán los ramos, según "La Pellejina" así serán los ramos.
Hizo así y partió uno. Salió un anillo, y dice:
—¡Ay, mi anillo, mi anillo!
Parte el otro, dice:
—¡Mi anillo, mi anillo!
Y fue y partió. Igual.
—¡Mi anillo!
Ya bajó corriendo donde estaba "La Pellejina" y la dijo:
—Tú me has engañao.
Dice:
—Pues sí. Yo soy hija de un rey.
Ya le contó la vida y ya después dijo a todos los criaos que no la llamaran “La Pellejina". Se casaron y nada más. Y fueron felices, comieron perdices, y a mí no me dieron porque no me quisieron. Me regalaron unos zapatos de manteca; pero como era en el verano, se deshicieron.