Narrado por Alejandro Cuadrado Bello (78 años) en Villavencio de los Caballeros (Valladolid) en 1991. Recogido por José Luis Agúndez.
Un rey, que tenía un hijo, y también se fue por ahí. Y encontró pues a, ya vio a... Fue buscando una casa de ellos de campo -pues conoció a una, a una y se enamoró de ella-, y ya pues llega. Allí estuvo tiempo, y se casaron. Y después de estar casaos, dice: –Bueno, pues yo voy a ir a decírselo a mis padres. Y resulta que allí iban a la fuente. A la fuente iba una negra criada que tenía por agua. Había una negra, y la quedó sentada allí, a orilla de la fuente. Y en la fuente se veía en el agua, como se ve, la cara. Dice, la negra dice: –Pero, ¿ser yo tan guapa y venir por agua? –¡plam!, tiraba el cántaro y lo partía, Y otra ve–. ¡Pero bueno! ¿Y ser yo tan guapa y venir por agua? –¡A romper el cántaro! Ya, pues cogió, y ya se cansaron y la hicieron una de lata. Y ya, al tener la de lata y romper, que no se rompía, pues la otra, la mujer del hijo del rey, pues se sonrió, y la vio y... –¡Uy, señora! ¿estaba usté ahí? Dice: –Sí, estaba yo aquí. Dice: -¡Uy, qué niño tiene usté más guapo! –porque tenía un niño ya–. ¡Qué niño más guapo tiene usté! ¡Muy guapo! ¿Quiere que se le cuide? ¿Quiere que la peine? Dice: –No, no –dice– ya me peiné esta mañana. Dice: -¡Ay, si señora, yo la peino, yo la peino! Dice: -No, no, porque ya me peiné esta mañana. Total, que tan pesada se puso, que se la puso a peinarla. Y fue, como era envidiosa, pues tenía un agujón de esos grandes de antiguamente, negro, y se le clavó en la cabeza. Y se volvió paloma. Y cuando vino el hijo del rey, pues la encontró a la negra y dice: –Pero, ¿cómo estás así? Se quedó así, tan triste, y dice: –Ya ves, es que con el aire..., con el sol y el aire me convierto. ¡Ay! Ya no la llevó en casa de los padres: la quedó allí en...; la quedaron allí; ya no la llegó a presentar. Después, pues la paloma andaba p'allí volando y preguntaba todos los días la paloma al jardinero: –Jardinero, ¿qué tal el hijo del rey con la reina mora? Dice: –¡Bien, señora! Dice: –¿Y el niño? Dice: –Unas veces ríe y otras veces llora –dice–. La pobre de su madre por estos campos se ve sola. Y volvía al día siguiente: –¿Qué tal el hijo del rey cor la reina mora? Dice: –Bien, señora. Dice: –¿Y el niño? Dice: –Pues unas veces ríe y otras veces llora –dice–. La pobre de su madre por estos campos se ve sola. Y ya se lo contaron al hijo del rey, dice: –Pues bueno, hay que poner un lazo y se la coge la paloma a ver qué dice. Conque, efectivamente, pusieron un lazo y la cogieron a la paloma. Y la ponían a comer en la mesa con ellos. Y en el plato del rey comía y en el de la reina cagaba (hablando así; también lo tiene que decir así). Y la reina: –¡Ay, no, no, eso no se lo consiento, esto no se lo consiento! Y como ya se cansó, dice que no, dice: –¡Ay! No hagas eso, no hagas, pues si no ¡te va´matar, te va' matar! Dice: –¡Uy, Dios mío, uy, Dios mío! ¿Qué tiene aquí? Tiró del agujón. Salió, y se vclvió la reina. Y a la negra la desterraron; no la mataron. Y entonces se cogieron y se fueron todos al palacio. Y allí vivieron también muy felices, alegres y muy contentos. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Colorín, colorete, el que no levante un dedo un cachete, al que levante siete.