El cuento popular en la escuela · Temas musicales

Juanito el oso

CUENTOS DE MAGIA • Adversarios sobrenaturales

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Narrado por Manuela Hoyos (66 años) en La Alberca (Salamanca) en 1957. Recogido por Luis Cortés Vázquez.

Juanito el Oso… era un matrimonio. El matrimonio ese no tenía familia. Y ya le dice el marido:
–¡Danzando de casa. Hahta que no vuelvah con un hijo o una hija, pa casa no vuelvah!
Y ya se fue a un monte. Mah al fin y al cabo, tanto tiempo ehtuvo en el monte, que ya fue con un hijo pa casa. Mas era uno de un oso, y tenía rabo y too lleno de vello. Lo cogió y dice:
–Fulano, ya vengo, ya vengo. Traigo el hijo, traigo un hijo.
–¡Ay! ¡qué bien! Entonces sube p´arriba que lo vamoh a hacer, lo vamoh a acontecé.
Enseguida lo subieron. Le quitaron el vello, pero el rabo no se lo podían quitar; el rabo allí ehtaba. Lo vihtieron y cuando era mayorcito lo llevaron a la ehcuela. Y en la ehcuela, pueh era tan travieso, porque era de un oso, era muy travieso, y a todoh leh pegaba.
Va a uno le pegaba hoy, a otro le pegaba mañana. Todoh iban y le tiraban del rabo a él. Y él enfurecido, iba y, claro, loh cahtraba bien cahtraoh. Todoh loh padreh iban quejándose de que loh cahtigaba de esa forma, a todoh loh muchachos que iban.
–Pueh nada. Le dijo el maehtro al padre:
–Aquí no lo vamoh a poderlo admitir. Porque a uno le saca loh morroh hinchaoh, a otro le pega de mala manera, al otro lo deja echando sangre, y aquí lo hace imposible. No lo vamoh a poder tené, y a la ehcuela yo ya no lo admito.
–Pueh, ¿qué haremoh con él, con ehte bicho?
Y el padre era herrero y le dice él:
–Mire, padre, yo si no quiere tenerme en casa, déme dinero, bien de dinero y una porra de cien kiloh. Me haga una porra de hierro; p´abajo la porra y el bahtón arriba, y me voy por esoh mundoh de Dioh.
–Pueh si hijo. Mucho lo siento, pero no puedo menoh de no echarte, porque ya veh lo que pasa. Si tú fuerah bueno, no t´echaría, pero ereh malo y te tengo qu´echá.
–Pueh nada. Uhté hágame la porra.
–Al fin y al cabo, que todoh loh vecinoh, le dieron un hierro p'hacer loh cien kiloh. Hizo la porra, la cogió de bahtón y se fue por esoh mundoh de Dioh.
Llega a un sitio y ve a uno que agarraba un pino, lo arrancaba y náa, lo tiraba. Llegaba a otro sitio, arrancaba otro pino y lo tiraba.
–Pueh ¿qu'ehtáih hiciendo?
–Pueh, velay, tengo ehte oficio, el arrancar pinoh.
–Pueh ¿cuánto ganah?
–¡Ay!, me dan muy poco, casi por la comía.
–¡Ah!, déjalo y vámonoh.
–¡Ah!, pueh tieneh como razón, ¿llevah tú dinero?
–Sí, yo, me ha dado mi padre mucho dinero, y noh vamoh por esoh mundoh de Dioh, loh doh.
Asi lo hizon. Se fueron por esoh mundoh de Dioh y llevaba un pino de bahtón, el Arrancapino llevaba un pino de bahtón, y el otro llevaba la porra de cien kiloh. Ya llegan a otro sitio y ehtaba un hombre soplando. —Déjenoh subir. —No pueo. —Déjenoh subir. Y él venga a soplar, venga a soplar. —Mira, si no dejah de soplar, subimoh y te hacemosh y te acontecemoh. Ya dejó de soplar y le dicen: —¿Cómo asoplah tanto? —Aquel molino qu'ehtá allí abajo, ehtá moliendo por el mi aire. De puro lo que asoplo, muele. Pueh, claro, molía con el soplo de él, porque no tenía otro arbitrio máh que el de moler. Diho: —Eh que ese eh mal oficio. Deja de soplar y vámonoh con nosotroh, que nosotroh ya vamoh, y te vah con nosotroh. —Bueno, ¿lleváih dinero?
—Sí, yo llevo mucho dinero —le dijo Juanito el Oso. —Pueh, vámonoh. Dejó de soplar. El del molino: —¡Quédate!, ¡sopla!, que me se para el molino. ¡Sopla! —Ahí se quea.
Siguieron andando loh treh. Llegan a otro Sitio y ehtaba un hombre, y ese hombre en el sitio que se sentaba lo hacia llano. Agachacuehtah que lo llamaban. —Y ¿qué oficio tieneh aquí? Dice: —Yo me buhcan pa donde hay muchah cuehtah. Me subo encima, pego un porrazo, y se agachó la cuehta, y quea en llano aquello. —Pueh, ¡vaya! pueh ¡ya puedeh! ¡Quita!, ¡vámonoh por esoh mundoh de Dioh, loh cuatro! Se rinde y se queda allí: —Si hay cuehtah que lah haigan, que lah suban y lah bajen.
Ya llegaron a un pueblo. Al llegar al pueblo, era un pueblo que decían que había brujah. Y tenían una casa retirada porque todo el mundo tenía miedo de vivir en la casa, que andaban brujah, y que no podían vivir. Y elloh llegaron y a onde noh meteremoh, a onde noh meteremoh. Y va una persona y leh dice: —Mira, allí hay una casa que en esa casa podéih ehtá vosotros —como nadie quería vivir, dicen—. A ver si a ehtoh lah brujah le hacen alguna. Se metieron allí. En la casa había de todo pa comer, pa beber y pa too. Y ya se dedicaron a decir: —Bueno, pueh vamoh a quedarnoh uno pa guisar de comer, y loh otroh salimoh viendo el pueblo, y el otro día el otro y así sucesivamente. Como aquí tenemoh mucho de comé, hahta que se noh acabe ehtamoh bien. En la casa había una campana. Y la campana esa, le dijon al que se quedó pa guisar la comida, le dijon: —Mira, cuando tengah la comida gisáa, tocah la campana. Y a la campana noh venimoh nosotroh a comé. Le dijon y dice:
Bueno, bueno, pueh irvoh tranquiloh.
Y se quedó uno pa tocar la campana. Pueh nada. Dio tal hora, dio cual hora y ya se iba acabando el día, y que el hombre no tocaba la campana. Dicen:
–¡Qué! Se habrá echao a dormir. Vamoh allí a ver.
Fueron allá y ehtaba el hombre:
–¡Ay!
–¿Qué te pasa?
–Nada. Tenía la comida guisándola y llega una sombra y me dice: "O me dah de comer o t'ehcupo la comida". Ni m'ehcupeh la comida ni te doy de comer, porque eh pa loh compañeroh, y tú no tieneh que comer nada.
–¿Qué no?
Lo cogió le dio una buena zurra y lo dejó allí medio muerto y comió lo que quiso, y llegaron loh otroh y, claro, él ehtaba malo, porque le había dao una zurra el otro.
–Yo no me vuelvo a quear, que aquí no sé qué pasará en ehta casa, ¡pero que no me vuelvo a quear!, ni por onde pasó.
–Ahora me quedo yo –diho otro– ahora me quedo yo a vé si a mí me hacen algo. Iroh vosotroh tranquiloh, que yo me queo y yo voh tocaré la campana a tiempo, cuando ehté la comida guisáa, voh la toco.
Pasaba la mihma que con el otro. No leh tocaba la campana. Ya fueron a ver y ehtaba igual que el otro.
–¡Tó! ¿pueh cómo será ehto? Aquí tiene que habé algo en ehta casa.
–Pueh yo me queo –dijo otro.
Pero Juanito el Oso se quedaba el último.
–Yo me queo.
Y le pasó igual. También a él le dieron otra zurra; le pasó lo mihmo. Va
Juanito el Oso y dice:
–No tenéih salero ninguno. A esoh loh ehpero yo. Aquí que me salga a mí. Irvoh todoh. Andai, que yo voh tocaré la campana a tiempo. Se quedó guisando la comida. Vuelve otra vez la sombra y le dice:
–O me dah de comer o t'ehcupo la comida.
–¿A mí?
Anteh que hablara máh, le dio con la porra, y era una porra tan grande, la mató. Lo cayó allí y tocó la campana. Tocó la campana, llegan loh otroh y dicen:
–¡Ay! ¡tú si que hah sido valiente!
–P'ahí lo he tirao lo que era. Mirái y veráh, mirái y veráh, hombre. Mirái que ahí ehtá.
Van a mirar y allí no ehtaba máh que un poco de sangre.
–Lo he tirao yo ahí.
Apartaron una poca de leña, y al apartar la leña, había un pozo.
–Pueh p'ahí s'ha caío.
–Baja tú.
–No, yo no bajo.
–Cualquiera.
Iba otro:
–No, yo no bajo.
Dice Juanito el Oso:
–Tóoh soih unoh cobardeh. Ahora tiro yo la porra a ver si cae en agua o cae en tierra.
Tiró la porra y, claro, no había agua. Dice:
–Pueh yo bajo. ¿Voy a dehar la porra ahí si eh la mi salvación? Nada, yo bajo. Lo ataron con lah fajah que tenían elloh. Lo ataron a él y bajó al pozo. Llega al pozo y allí había treh puertah en el pozo. Mah en lah treh puertah fue y dice:
–¿Qué hago yo aquí? Voy a abrir una a ver.
Abrió una y vio una moza. Y al ver la moza le dice:
–¡Ay, por Dioh! ¿cómo hah bajao aquí? Vaite, que yo ehtoy encantáa y si viene una serpiente te mata.
-Aquí la ehpero yo con la porra. Yo no le cojo miedo a la serpiente.
–Pueh, mira. Ponte detráh de la puerta, eh la mi salvación. Si matah la serpiente yo ehtoy salvá.
Se puso detráh de una puerta, cuando entró la serpiente furiosa porque barruntaba carne, furiosa buhcándolo, según fue a entrar en la habitación aonde ella ehtaba, le dio con la porra. Como era de tanto peso la mató la serpiente. Quedó una moza, bueno, un rey. Una moza guapísima, y le dice a loh otroh:
–¡Chachoh! Echaih la banda y ahí voh va una moza. Ehtaih con ella hahta que yo suba.
Y la moza esa le dijo:
–Trah lah otrah puertah hay otrah doh mozah; ehtán igual que yo.
Pueh abrió otra puerta y le dice.
–A ese no le tengo yo miedo.
–¡Ay!, váyase uhté de aquí, porque hay un toro, y si el toro lo ve lo mata.
Bueno, pueh otra vez igual. Se puso detrás de la puerta, entró el toro, le dio en la tehtuz, lo mató. La moza desencantáa.
–Tirai d'esa. Ahí va otra, pero quea otra entoavía.
Loh otroh, claro, ehperando el resultao a ver que subiera el otro. Como eran cuatro y eran treh mozah náa máh, a ver ¿cómo hacían?
Abre la otra puerta y en la otra puerta le dice:
-Eh el demonio, eh el diablo el que me tiene aquí a mí prisionera. Y si matah al diablo ya veh: primero te mata él a ti que tú a él. Si matah al diablo pueh ehtoy desencantaa.
–A ese no le cojo yo miedo.
Hizo la mihma: le pegó con la porra al diablo cuando entró y lo mató. Pero náa, según lo mató se le cayó una oreja al diablo y él la cohió la oreja y la guardó en el bolsillo. Guarda la oreja y mi hombrito que dice:
–Bueno, ya ehtá desencantáa la otra moza, ahí va. Y echad la banda que suba yo.
Loh otroh, como eran treh y subían treh mozah, dicen:
–Nosotroh ya ehtamoh arreglaoh, si no sube que se muera, que suba por ande le dé la gana.
–Mah el otro, un día, doh díah, treh día allí.
–Pueh ¿qué hago yo aquí?, sin comé ni bebé, ¿cómo hago?
Y, claro ¿cómo iba a hacer? si él no tenía otra salvación. Ya tenía tanta hambre, mete la mano en el bolsillo y encuentra la oreja del demonio. Fue la oreja y la empieza a morder, y se le presenta el demonio y dice:
–¿Qué quiereh?
–Que me saqueh de aquí inmediatamente.
Así lo hizo. Como era el demonio lo sacó inmediatamente. Salió, ya no ehtaban allí ni lah mozah ni loh otro, ni nadie.
–¿A dónde iré yo a buhcarloh?
Y empezó a andá, andá, andá. Como le habían dicho que eran hijah del rey, se fue al palacio. Llegó al palacio y dice:
–¿Hay aquí treh mozah que han ehtao encantáah?
–Sí, aquí ehtán.
Y entró. Lah mozah, cuanto lo vieron dicen:
–¡Uy! si eh éhte el que noh ha sacao, no son loh otroh.
Y el padre ehtaba determinando que lah treh mozah casarlah con loh otroh treh. Y ellah lah mozah decían:
–Si ehtoh no son loh que noh han sacao. Eh otro.
En ehto que él mordió otra vez la oreja disimuladamente, y se le presentó el demonio y le dijo:
–¿Qué quiereh?
–Pueh que desenlaceh ehto, ehte caso que pasa. Porque lah treh se van a casar con loh treh y yo me quedo a un lao.
Pueh nada. Arregló que lah mozah diheran qu'era aquel el que lah había desencantao y que una era para él. Pero el otro lo colocaron tan bien y mi hombre que ya, como lah había sacado él, lo casaron con una. Loh otroh se colocaron en la casa y todoh vivieron feliceh.