Narrado por Serafín Blanco (57 años) en Riofrío de Aliste (Zamora) en 1984. Recogido por Alberto Jambrina, José Luis Bermúdez y José L. González (Archivo de Fomento Musical de Zamora).
Pues era un cura que tenía convidaos, y compró una cabra para darles de comer, pero marchó a tocar a misa y no se acordó de decirle a la criada cómo tenía que preparar la cabra. Y entonces la criada llegó todo sofocada y les dijo a los cantaores que estaban cantando la misa: –Mira que, que el señor cura se me marchó a decir la misa y no me dijo cómo, cómo tenía que preparar la cabra, ¡y yo qué sé ahora como hace! Y entonces le dijo el sacristán: –No te apures que eso lo arreglo yo. Y entonces cogió el libro misal, y se vuelve p'arriba, y con estas palabras (esto fue el día de Corpus. Pues cuando viene aquí a la misa de existencia, el señor cura trae equis sacerdotes y tiene que darles de comer, y da, pues... Antiguamente hacían la función y daba el mayordomo, que hacía la función, carne; pero ese año, pues no hizo la función nadie, y entonces el cura compró una cabra, pero entonces tocaron a misa, y al cura no se le acordó de decirle cómo tiene que guisar la criada, ni a la criada se le acordó de preguntarle cómo tiene, al señor cura cómo tiene que guisarla. Y entonces empiezan a decir la misa, cuando llega la criada todo sofocada: “¡Uy de mí, perdida, ay de mi, mira que, mira que, mira que, que ahora marchó el señor cura y no me dijo cómo tenía que guisar la cabra! ¡Qué hago yo con la cabra ahora! ¿Cómo la arreglo?". Y llegó a decirle al sacristán eso, que estaba el coro cantando la misa), y dijo el sacristán: –Eso lo arreglo yo en un momento, ahora mismo. Tú, quédate aquí. Y entonces el sacristán le dice: –Dice la criaduca que a ver cómo prepara la cabruca. Y contesta el señor cura: –La mitad que se la encuezca y la otra mitad que la enguise. Que le eche perejil si salum dómine, ajorum y pimentorum, per omnia secula seculorum. Y contestó el coro: –Amén. Y así, pues la criada marchó corriendo, dijo: "Ahora ya sé cómo tengo que guisarla". Cuando salieron, pues la mejor tajada ya se la había comido ella; no esperó a que llegaran los sacerdotes: ya se la había comido la criada, y así terminó.