Narrado por Serafín Blanco (57 años) en Riofrío de Aliste (Zamora) en 1984. Recogido por Alberto Jambrina, José Luis Bermúdez y José L. González (Archivo de Fomento Musical de Zamora).
Fue un cura que tenía también confesores, era para la confesión, y tenía que darle de comer, y no tenía el hombre dinero: ganaba poco; y entonces mandó al sacristán y a los monaguillos que fueran a robar un carnero para dar de comer a los sacerdotes, y así lo hicieron. De noche, el sacristán y los monaguillos cogieron el caballo del señor cura y marcharon al campo a robar un carnero; pero claro, resulta que, que despertaron los pastores, le echaron los perros, le pegaron unos garrotazos, una buena panadera, y le quitaron el caballo. Y entonces, pues llegaron, pues, a casa, pues apaleaos; pero tenían que cantar la misa aquella noche. Y entonces el cura, cuando los vio, dijo: "Ya está el carnero, ya lo tiene en casa". Y le preguntó desde el altar, le dijo de esta manera: —Vosotros los que fuistes Me diréis lo que trajistes. Y contestan los otros: —Nosotros que fuimos y venimus Mas yevemus que traímus. Nos salieron aquellos pastorones, Nos pegaron unos buenos garrotones, Nos echaron los cipeszapes, Nos quitaron el jijí. Y contesta el señor cura: —¡Ay de mí!