Narrado por Carmen Fernández (84 años) en Villalán de Campos (Valladolid). Recogido por José Luis Agúndez.
Tenía cinco huevos sólo pa cenar: hizo cinco huevos y discutían. Decía la mujer: —Bueno, pa mí tres y pa ti dos. Y decía el hombre: —No, no, pa ti dos y pa mí tres. —No, no hombre, que no, que pa mí tres y pa ti dos. Decía: —No, no, pa mí tres y pa ti dos. Dice: —Pues si no me das los tres, me muero decía el hombre. —Pues muérete, pues no te doy más que dos. Y se murió. Hizo la muerta y ya la llevaron a enterrar. Ella estaba muerta, y decía: —¡Que te van a llevar a enterrar! —Pa mí tres y pa ti dos. Decía él: —No, pa mí tres y pa ti dos. Siempre discutiendo así. Ya cuando llegaron cerca del cementerio, iban los cuatro que le llevaban y el cura que iba cantando, claro. Y la mujer: —¡Que te van a meter en la hoya y que no cedes, eh! ¡Se dice bien! Pues, cómete tos cinco —dijo el hombre. Y los que le llevaban creían que era a ellos a los que les iba a comer. Le dejaron allí y se marcharon todos.