En mil novecientos veinte / recuerdo le dejará y a todo el arte taurino / que no se le olvidará. Y el día quince de mayo, / que día más memorable, porque en Madrid Joselito / toreó toda la tarde, y por causa de las reses / no pudo lucirse nada y aquel valiente torero / y el público le silbaba. Y entre silbidos se oía / y una voz entre barreras -¡Ojalá te mate el toro / si es que vas a Talavera!-. Por fin al día siguiente / se cumplió la maldición y por fin en Talavera / la muerte un toro le dio. Al salir el quinto toro / que “Bailaor” se llamaba luego le vio Joselito / que era de muy mala entraña. Y dice a sus compañeros: / -Este toro está corrido, tened cuidado muchachos / no tengamos un descuido, toread con precaución / no nos vaya a dar un susto y en vez de irse al capote / este toro se va al bulto-. Y al decir estas palabras / aquel valiente torero y al toro se dirigía / con valentía y salero. Le tiró unos cuantos lances / que llamaron la atención y el pueblo de Talavera / a Joselito aplaudió. Pero el toro maldecido / sin dar tiempo para nada a Joselito en el vientre / le dio una fuerte cornada. Al sentirse malherido / se llevó la mano al vientre, cayó al suelo sin sentido / y allí acabó para siempre. Al verle sus compañeros / le cogieron enseguida y con cuidado le llevan / derecho a la enfermería y a su hermano Rafael, / que ausente de allí estaba, los compañeros le ponen / y enseguida un telegrama. Le dicen que Joselito / sufrió una grave cogida y está ocupando la cama / y en aquella enfermería. Rafael Gómez “el Gallo” / que recibió el telegrama se montó en un automóvil / y a Talavera se marcha. Rafael Gómez “el Gallo” / cuando entró a la enfermería y amargamente llorando / estas palabras decía: -Hermanito de mi alma, / tanto como te he querido, y te haya dado la muerte / ese toro maldecido. Maldita sea la hora / en que viniste a Talavera nadie en el mundo quería / que a ti un toro te cogiera. Tu eras un diestro valiente / y maestro en el capote y pasando de muleta / para clavar el estoque. A todas las plazas que ibas / tú eras la maravilla porque nadie te ganaba / colocando banderillas. Pero el dieciséis de mayo / tuviste tan mala suerte y en esa maldita plaza / y un toro te dio la muerte. Ya se acabó la ilusión / para muchos del torero porque ha muerto Joselito, / que era el rey de los toreros. -En toda la España entera / tu muerte ha causado espanto-, decían las sevillanas / amargamente llorando. El coche fúnebre iba / custodiado por personas cubierto de arriba abajo / de hermosísimas coronas. Y todas sus compañeros / que acompañándole iban al llegar al cementerio / estas palabras decían: -adiós diestro Joselito, / adiós rey de los toreros nuestro corazón tu nombre / siempre grabado tendremos-.