Sucedió en La Gran Coruña / en el mejor puerto locido que tiene el mar en su margen / de mis alabanzas dignos. Y en esta triste ciudad / nació de padres adoptivos doña Leonor de la Rosa / y a quien el cielo propicio se esmeró en debujarla, / de manera que el sol mismo le puso en su hermosura / un encanto de Copido que llegó a ser prodigno, pues no hay hombre que la mire / que no se quede rendido. Se crió y apenas tuvo / los veinte años complidos el amor tira una flecha / quedando herida del tiro que a la mujer, que es hermosa, / trae la desgracia consigo. La causa fue un caballero. Este caballero es / don Jacinto del Castillo; tan galán como bizarro, / valiente como entendido. Este dio en galantearla / con fiestas y regocijos; la dama le corresponde / con amorosos cariños que enamorada y rendida / estaba de don Jacinto, y con palabras de esposo / a su amante satisfizo. Todas las noches se hablaban / por un balcón que testigo era de sus muchas penas. Y como amantes tan finos / descansan unos con otros, gozando de los coloquios / que el amor les trae consigo. Dejemos en este estado / a Leonor y Jacinto y vamos a don Francisco / que era el padre de esta dama, que ya tenía los designos / de dársela a un caballero...
Nota: En Porto de Sanabria hablan habitualmente un arcaico gallego, aunque para el romance utilizan el castellano. Algunas interjecciones (verso 13) se expresan en esta lengua propia.