Las coplas del ciego • Temas musicales

El cautivo del Puerto de Santa María

Siglo XVIII. El repertorio de aventuras. Cautivos y renegados

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Y en la ciudad de Jaén / vivía un hombre casado
con su mujer y sus hijos, / llamado Francisco Hermano.
Y a la guerra de Melilla / y éste se fue voluntario
llevando siempre en su pecho / y aquel hermoso retrato,
de la Virgen del Pilar. / Siempre vivió confiado
que la habían de amparar y / a sus hijos ha dejado,
y también a su mujer / llena de pena y llorando
porque se iba a pelear / con el bárbaro africano.
Pero tuvo la desgracia / que al poco tiempo que ha estado,
le cogieron prisionero / y para Argel lo llevaron.
Y en sus plazas fue vendido / y el moro que lo compró
a su casa le encamina / y que poniéndole al cargo
y que poniéndole al cargo, / al cargo de la comida.
Seis meses fue mayordomo / cumpliendo cuanto podía
y en el medio de este tiempo / le llamaba el amo un día:
-Ven acá, Francisco Hermano, / escúchame por tu vida.
Bien sabes que yo soy rico / y de haciendas muy crecidas,
ya sabes que también tengo / y para ti una hija,
bella como una rosa / y también muy entendida
y que muriéndome yo / y esa es heredera mía.-
Le dije:- Señor Mustafa, / lo cielos no lo permitan.
Sus dineros, sus doblones, / sus haciendas y sus hija,
que todos son polvo y arena / para lo que yo perdía.-
Hortelina, que ésto ha oído, / pateaba y maldecía.
y su padre le contesta: / -No te dé cuidado, hija,
puedes hacer lo que quieras / que no habrá quién te lo impida.-
Le uncieron a una carreta / con otro esclavo que había,
les hacían traer la piedra / para un jardín que querían.
Levantaron las paredes / y vamos a la comida,
cocida con agua y sal, / de cebada una cuartilla.
Como si fuéramos bestias / nos miraban y tenían;
y una noche que mi amo / a los tres moros envía
para que me registrasen / y me hallaron de rodillas
con el rosario en la mano, / en altos gritos decía:
-¿De qué te sirve cristiano, / el rosario de María
si éste no te ha de librar / de las penas tan crecidas?-
Guardó Francisco el rosario / y entre los tres se lo quitan
haciéndole mil pedazos / por aquel suelo le tiran.
Y fueron tantos los palos, / que no puedo, esposa mía,
numerarte porque yo, / muerto estuve tres días.
Mas luego que en sí volví / la sentencia me leían,
que tengo de ser quemado / y a la hoguera encendida.
Pero quiso Dios piadoso, / cuando a las llamas me tiran,
todos quedaron confusos / al ver que no me encendía.
Le llevaron para casa / entre congojas y fatigas
le metieron en un cuarto / que no sé cuando es de día.
Para escribirte esta carta / un cristiano me traía
tintero, papel y pluma / y te encargo, esposa mía,
que un certero novenario / a Santo Domingo harías.
Cogió su mujer la carta / y a un vecino que tenía
se la dio que la leyese / y al oír tantas fatigas,
desmayada cae pa atrás / y en altos gritos decía:
-Hijos, ya no tenéis padre, / hacedme a mi compañía
mientras paso mis trabajos / en esta mísera vida.-
Y a la mañana siguiente / fue a la oración ofrecida
y en aquella misma noche / lo sacó de morería(*),
de la prisión en que estaba / y en el barco le ponía.
Los marineros decían / que dentro del barco había
un hombre que no conocen / sin saber donde sería;
con un letrero en la frente / que leyeron y decía,
que era Francisco hermano / que le llevaran para España
y Ella era su amparo y guía.
Al punto expusieron viaje / para España le traían.
Francisco se fue a su casa / y a los niños les decía:
-Niños, ¿dónde está tu madre?. / -los niños le respondían:
-Tío, está en una novena / que hoy es el último día,
por el triste de mi padre que, / en congojas y fatigas,
le cautivaron los moros / en la guerra de Melilla.-
Cogió Francisco los niños, / los abrazaba y quería,
en tanto vino su esposa / de la oración ofrecida.
Todo cristiano se ofrezca / a la Sagrada María,
no habrá lenguas que lo digan / a la Sagrada María,
todo cristiano se ofrezca / a la Sagrada María.

Nota (*): Se entiende que es la Virgen quien libera al cautivo.