Y en la ciudad de Jaén / vivía un hombre casado con su mujer y sus hijos, / llamado Francisco Hermano. Y a la guerra de Melilla / y éste se fue voluntario llevando siempre en su pecho / y aquel hermoso retrato, de la Virgen del Pilar. / Siempre vivió confiado que la habían de amparar y / a sus hijos ha dejado, y también a su mujer / llena de pena y llorando porque se iba a pelear / con el bárbaro africano. Pero tuvo la desgracia / que al poco tiempo que ha estado, le cogieron prisionero / y para Argel lo llevaron. Y en sus plazas fue vendido / y el moro que lo compró a su casa le encamina / y que poniéndole al cargo y que poniéndole al cargo, / al cargo de la comida. Seis meses fue mayordomo / cumpliendo cuanto podía y en el medio de este tiempo / le llamaba el amo un día: -Ven acá, Francisco Hermano, / escúchame por tu vida. Bien sabes que yo soy rico / y de haciendas muy crecidas, ya sabes que también tengo / y para ti una hija, bella como una rosa / y también muy entendida y que muriéndome yo / y esa es heredera mía.- Le dije:- Señor Mustafa, / lo cielos no lo permitan. Sus dineros, sus doblones, / sus haciendas y sus hija, que todos son polvo y arena / para lo que yo perdía.- Hortelina, que ésto ha oído, / pateaba y maldecía. y su padre le contesta: / -No te dé cuidado, hija, puedes hacer lo que quieras / que no habrá quién te lo impida.- Le uncieron a una carreta / con otro esclavo que había, les hacían traer la piedra / para un jardín que querían. Levantaron las paredes / y vamos a la comida, cocida con agua y sal, / de cebada una cuartilla. Como si fuéramos bestias / nos miraban y tenían; y una noche que mi amo / a los tres moros envía para que me registrasen / y me hallaron de rodillas con el rosario en la mano, / en altos gritos decía: -¿De qué te sirve cristiano, / el rosario de María si éste no te ha de librar / de las penas tan crecidas?- Guardó Francisco el rosario / y entre los tres se lo quitan haciéndole mil pedazos / por aquel suelo le tiran. Y fueron tantos los palos, / que no puedo, esposa mía, numerarte porque yo, / muerto estuve tres días. Mas luego que en sí volví / la sentencia me leían, que tengo de ser quemado / y a la hoguera encendida. Pero quiso Dios piadoso, / cuando a las llamas me tiran, todos quedaron confusos / al ver que no me encendía. Le llevaron para casa / entre congojas y fatigas le metieron en un cuarto / que no sé cuando es de día. Para escribirte esta carta / un cristiano me traía tintero, papel y pluma / y te encargo, esposa mía, que un certero novenario / a Santo Domingo harías. Cogió su mujer la carta / y a un vecino que tenía se la dio que la leyese / y al oír tantas fatigas, desmayada cae pa atrás / y en altos gritos decía: -Hijos, ya no tenéis padre, / hacedme a mi compañía mientras paso mis trabajos / en esta mísera vida.- Y a la mañana siguiente / fue a la oración ofrecida y en aquella misma noche / lo sacó de morería(*), de la prisión en que estaba / y en el barco le ponía. Los marineros decían / que dentro del barco había un hombre que no conocen / sin saber donde sería; con un letrero en la frente / que leyeron y decía, que era Francisco hermano / que le llevaran para España y Ella era su amparo y guía. Al punto expusieron viaje / para España le traían. Francisco se fue a su casa / y a los niños les decía: -Niños, ¿dónde está tu madre?. / -los niños le respondían: -Tío, está en una novena / que hoy es el último día, por el triste de mi padre que, / en congojas y fatigas, le cautivaron los moros / en la guerra de Melilla.- Cogió Francisco los niños, / los abrazaba y quería, en tanto vino su esposa / de la oración ofrecida. Todo cristiano se ofrezca / a la Sagrada María, no habrá lenguas que lo digan / a la Sagrada María, todo cristiano se ofrezca / a la Sagrada María.
Nota (*): Se entiende que es la Virgen quien libera al cautivo.