¡Oh Virgen de la Luz Santa, / tú que a nadie desamparas, óyeme pues, Virgen querida, / y a quien de veras te llama!. Por el cielo y por la tierra, / a voces, todos te claman, pidiendo misericordia / por ser Reina de las almas. Hoy preciso más que nunca / el auxilio de tu gracia para poder redactar / una terrible desgracia. En el partido de Potes / de la Villa muy nombrada residía un labrador / y del pueblo de Aciñada...