Antropofonías – ficha individual


Creencias y mentalidades

La cena de la novia. Villarrodrigo de la Vega (Palencia)

Cantada por Ildefonsa Díez de Villarrodrigo de la Vega de 89 años de edad y grabado por Carlos Porro el 14 de junio de 1995 en su casa

Escuchar el tema >

La primer noche se comió la niña:
una perdiz muy linda.
La segunda noche se comió la niña:
dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las tres noches se comió la niña:
tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las cuatro noches se comió la niña:
cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las cinco noches se comió la niña:
cinco capones capudos, cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las seis noches se comió la niña:
seis gallinas gallinares, cinco asares, cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
Se cenó la niña a las siete noches:
siete conejos conejas, seis gallinas gallinares, cinco ásares, cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las ocho noches se comió la niña:
ocho corderos lechudos, siete conejos conejas, seis gallinas gallinares, cinco ásares, cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las nueve noches se comió la niña:
nueve carneros cornudos, ocho corderos lechudos, siete conejos conejas, seis gallinas gallinares, cinco ásares, cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.
A las diez noches se comió la niña:
diez cabritos cabritas, nueve carneros cornudos, ocho corderos lechudos, siete conejos conejas, seis gallinas gallinares, cinco ásares, cuatro ánares, tres tórtolas, dos palomitas blancas y una perdiz muy linda.

Yo no sé más, mi padre cantaba hasta veinte pero yo eso otro no se lo aprendí…

LA MUJER Y EL HOMBRE. LA SOLEDAD Y LA COMUNIDAD

La dulzaina y el tambor, la flauta o la gaita de fole no podían faltar en la ceremonia. A veces era el tambor de los mozos y los cohetes los que lo anunciaban, con el redoble de tambor "a bodas" que saludaba a todos los invitados según llegaban y acompañaba a los novios abriendo paso durante el trayecto de la casa del novio a la iglesia. Las mozas, por su parte aguardaban la llegada del mozo a la puerta de la novia y entonaban asimismo durante el camino de ida y de venida, una vez casada, multitud de coplas relativas a la boda, muchas de ellas creadas expresamente con la ocasión, en la que salían a relucir vicios y virtudes de novios, padrinos, vecinos y hasta el señor cura. Y como costumbre antigua, las mujeres, la despedían de su bando, del de "las mocitas" con la enhorabuena de la víspera del casorio y en medio de bailes, pastas y aguardiente. La mañana de la boda, las mozas, dispuestas en dos bandos, continuaban el canto con los Buenos días a la novia en espera de las bendiciones paternas y la llegada del novio a son de tambor o con los gaiteros. Durante toda la subida a la iglesia no cesaban amigas y compañeras de cantar infinidad de viejas y nuevas coplas. Tras la comida, el mismo son volvería a cantarse con coplas ya más subidas de tono, junto a otros cantos del momento y el baile. Alguno de ellos con un rudo final para la novia como el antiguo tema de La cena de la novia.